jueves, 19 de julio de 2012


Caudillismo Venezolano


¿Una forma de pluralismo diferenciada o un tipo concreto de feudalismo?


El Feudalismo es sin lugar a dudas uno de los temas históricos más trascendentales y sobre los que se ha producido gran cantidad de bibliografía, quizás sea por esa sensación de retroceso  generalizado de la humanidad; que la mayoría percibe al encontrarse por primera vez con este tema o por lo interesante que resulta el hecho de que haya sido la forma política característica de Europa occidental durante un largo periodo de tiempo.
El feudalismo, como forma política de la Europa Occidental desde caída del Imperio Romano de Occidente y que se mantuvo hasta la formación del Estado Moderno, se puede concebir en palabras de Ganshof como:

Un conjunto de instituciones que crean y rigen obligaciones de obediencia y servicio-principalmente militar- por parte de un hombre libre, llamado “vasallo”, hacia un hombre libre llamado “señor”, y obligaciones de protección y sostenimiento por parte del señor respecto al vasallo, dándose en el caso de que la obligación de sostenimiento tuviera la mayoría de las veces como efecto la concesión, por parte del señor al vasallo de un bien llamado “feudo”. [i]

Ahora bien, lo que hasta ahora se ha dicho podría  hacer pensar a cualquiera que el feudalismo es una cuestión meramente europea, algo a lo que seguramente Von Below añadiría que solo fue una cuestión del mundo romano-germánico. Sin embargo, muchos autores que han escrito sobre este tema creen que no es una cuestión únicamente Europea sino que es un estadio del desarrollo histórico constitucional, por el que ha tenido que pasar alguna vez todo Estado o todo pueblo, [ii]

En base a esa idea que muchos autores comparten, podría pensarse que no es una realidad eminentemente europea y que pudo reproducirse en fechas distintas bajo formas muy diferentes pero que en esencia seguía siendo después de todo Feudalismo, es el caso del Caudillismo venezolano. El caudillismo en Venezuela se caracterizó por muchos rasgos similares al feudalismo de Europa occidental; tales como la jerarquización social, dispersión del poder y otros aspectos.
En lo que respecta a este ensayo, se tiene como propósito establecer que aunque existan similitudes bastante marcadas entre ambos hechos históricos no podríamos si quiera considerar el fenómeno del caudillismo venezolano como una forma atípica de feudalismo, y no es posible mantener tal argumentación porque tales sucesos históricos son profundamente diferentes en cuanto a su origen y naturaleza.  
Para Otto Hintze el feudalismo típico es aquel caracterizado por el predominio de los medios de dominación personal sobre las instituciones, manteniendo una relación de dependencia de hombres libres con hombres libres, profundamente vinculado al patrimonialismo y a la jerarquía eclesiástica con un tipo particular de economía que no siempre fue agraria, aunque este carácter junto con el autárquico marcan gran parte de su desarrollo histórico.
El atípico por su parte es aquel que mantiene estas características pero que  se da en Estados o países extra europeos, pero que el autor solo concibe en Rusia, Japón y el Imperio Islámico.  Hasta ahora podríamos afirmar entonces que no se puede tildar de feudalismo en ninguna de sus formas al fenómeno del caudillismo venezolano, por más similitudes que tenga con aquel. Además es sin duda alguna importante acotar que para Hintze, si falta solo alguna de las características anteriormente mencionadas es imposible hablar de la existencia de feudalismo, y por más parecido que tenga a otro hecho histórico, su origen y naturaleza hacen que sean profundamente distintos.

En lo que respecta al origen, el feudalismo inicia para la mayoría de los autores  (no es el caso de Pirenne quien lo vincula con el proceso de penetración árabe en Europa en el siglo VII) con la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, cuando distintas tribus bárbaras germánicas intentan reproducir la realidad romana y se produce lo que  Otto Hintze denomina Encadenamiento Histórico Universal, que es en resumen las aspiraciones de una cultura con un escaso nivel de desarrollo de ponerse a la par con otra más avanzada, con ambiciones imperialistas que terminan produciendo una realidad totalmente distinta a la originaria.
A diferencia del feudalismo, el Caudillismo venezolano es una forma de pluralismo político, un proceso de toma de decisiones de una sociedad dada en el que concurren diversos grupos sociales y donde el interés personal es en gran medida protagónico. [iii]  Este fenómeno surge durante el proceso de independencia y se mantiene durante gran parte de la historia de Venezuela. Es una forma de Personalismo Político, lo que Graciela Soriano de García-Pelayo entiende como:  “…el ejercicio personal del poder, bien como expresión de la pura voluntad de dominio únicamente sujeta a su propio arbitro, correlativo a la debilidad institucional y/o al escaso arraigo de la norma,...” [iv] 
Sobre su naturaleza, el feudalismo es un proceso político constitucional en el que se sustraen súbditos del imperio y se colocan bajo la mediatización, -como expone Hintze-de autoridades privadas. La división del poder estatal se da entre el rey y estas autoridades (señores feudales) y se basa en su objeto: la tierra y las personas. Los hombres libres se hacían vasallos de señores en búsqueda de manutención de estos y por la profunda inseguridad característica de la época, a través de la encomendación y más adelante ya naciendo en situación de vasallaje. La característica de intransitividad en cuanto a lo que se conoce como pirámide feudal, es uno de los muchos rasgos que comparte con el fenómeno del caudillismo en Venezuela. Sin embargo, por características que ambos compartan, seria un grave error confundirse en una misma cosa.

Sobre la naturaleza del  Caudillismo en Venezuela, Diego Urbaneja [v] ,  argumenta que el orden social resulta de la integración de distintas parcelas de orden social logradas fácticamente  por cada uno de los caudillos en la zona en la que se ejerce el poder y produce el orden nacional. Cosa distinta al feudalismo, que es un primer estadio del Estado moderno, según Hintze. El caudillo se cree que es un sujeto que esta capacitado formalmente para tomar decisiones en una unidad territorial dada (que en tiempo y lugar determinado toma la forma de Estado Nacional). En el caudillismo no existe un pacto o contrato sinalagmático, sino que se logra obediencia porque se cree que el Caudillo mayor es quien dispone de las fuerzas económicas y humanas como para establecer el orden.
Hasta ahora la naturaleza y el origen tanto del feudalismo como el caudillismo, aunque diferenciales no nos han proporcionado una gran distinción, por lo menos no una que sustente la tesis de que el caudillismo no representa una forma típica o atípica de feudalismo, entonces ¿Cómo podríamos establecer esta diferenciación más allá de su origen y naturaleza, que aunque distintos se hacen tan semejantes?  Pues es precisamente el saber diferenciar entre una forma política y una forma de gobierno lo que aclararía esta situación. El Feudalismo es una forma política típica de la Edad Media; es decir, explicaba la manera como se organizaba social y políticamente la sociedad en ese momento histórico determinado. El Estado es otra forma política distinta, y es en ella donde se desarrolla durante el siglo XIX en Venezuela una forma de gobierno denominada Caudillismo, que explica como en un ese contexto histórico se ejercía el poder de una manera determinada. Entonces lo que nos permite afirmar que el caudillismo no es una forma de feudalismo recae no solo en su origen y naturaleza sino en gran medida en que es una forma de gobierno dentro de una forma política denominada Estado, muy distinta al Feudo.







[i] François-Louis Ganshof, El Feudalismo, Barcelona 1963, EDICIONES ARIEL S.A.
[ii] Otto Hintze, Historia de las Formas Políticas, MADRID 1968, EDITORIAL REVISTA DE OCCIDENTE, S.A.

[iii]Urbaneja, Diego, Caudillismo y Pluralismo en el siglo XIX en Venezuela, Caracas 1975, POLITEIA N° 7.
[iv]Soriano Graciela, El personalismo político hispanoamericano del siglo XIX, Caracas 1995, POLITEIA N° 18.


[v]Urbaneja, Diego, Caudillismo y Pluralismo en el siglo XIX en Venezuela, Caracas 1975, POLITEIA N° 7.




miércoles, 22 de febrero de 2012

Política y Democracia en Venezuela (Primer articulo relacionado a la Politica, estudiando pregrado en la USB)

Tomando como referencia  el articulo “Dictadura tipo esplenda”  de César Villarroel (Abril 22, 2009) en el diario Últimas Noticias, analizaremos distintos argumentos planteados por el autor, contrastando esta información con diversos ensayos y publicaciones hechas por distintos autores de la talla de  Manuel García-Pelayo, Robert  Dahl y Andrés Stambouli. Esto, con la finalidad de aproximarnos a conocer la realidad política de nuestro país, es decir intentar precisar si en nuestro país existe una verdadera y sólida democracia; representativa, protagónica, que vela por la libertad y que se fundamente en instituciones incorruptibles como plantean los autores antes mencionados. Además de estudiar algunos aspectos de la transformación  del sistema político venezolano en los últimos años.

César  Villarroel en la primera parte de su articulo usa la palabra esplenda (edulcorante que parece, sabe, esta hecho de azúcar, pero no es azúcar), llevándola a un contexto político con el propósito de definir nuestra forma de gobierno en la actualidad, un sistema que según él: “parece dictadura, sabe a dictadura, esta hecha de fascismo ramplón, pero no es una dictadura…tradicional”. De este argumento podemos inferir que, sea cual  sea nuestro sistema político,  esta muy lejos de parecerse a la democracia; sistema en el cual, se respetan los derechos semejantes, la libertad de expresión, organización y oposición política, entre otros aspectos. Esto a pesar de los esfuerzos del gobierno, el cual pretende hacernos creer que; el sistema político en el que vivimos es totalmente “democrático”. Estamos ante una situación que Aníbal Romero  (¿Qué es la democracia?  1990) definiría como “degradación de uso” de la palabra democracia.
En nuestro país la “degradación de uso” de la palabra democracia se ha vuelto la característica principal de nuestro gobierno, puesto que como dice Villarroel “cada día se viola más la Constitución, el Derecho, la moral y la ética con la impúdica complicidad de los poderes públicos”. La supuesta democracia en la que vivimos no es más que el camuflaje de un gobierno dictatorial.

La política venezolana de los últimos años, es sin duda alguna una política dominada por el dinamismo y la confrontación, la tensión y la lucha de ideologías y partidos, en la cual la mayoría ha decidido a pesar de todas las problemáticas existentes que el mejor sistema o camino político de gobernabilidad de nuestro país sea la democracia, aunque a otros no lo reconozcan y traten de implantar sus ideas; alejadas totalmente de la realidad histórica de nuestro país.
La característica especial de nuestro gobierno según Villarroel es que no representa una “dictadura tradicional”, la cual no debe enfrentarse con rebeliones, insurrecciones, etc. Sino que debemos agotar todos los recursos de la Constitución y  el Derecho Internacional para combatirla, pero ¿Hemos  hecho eso anteriormente? ¿Hemos tratado de diferentes formas virar hacia una política de orden y paz, basada en la tolerancia y el respeto como la propiciada por Hans Barth o Dolf Stemberger?

  La respuesta es si, hemos recurrido en muchas ocasiones, pero no hemos obtenidos grandes resultados. No quiero decir con esto, que esos medios pacíficos  sean insuficientes, solo que no representan nada para un Estado que no respeta el derecho, ni la opinión internacional. Adela Cortina (Ciudadanía Política: del hombre político al hombre legal, 2001) habla de la libertad de los Atenienses, la cual,  “consiste en la participación, pero no protege frente a las injerencia de la Asamblea en la vida privada. Por el contrario, la Asamblea puede intervenir en la vida privada, en el quehacer domestico” lo que se parece mucho a nuestra realidad, donde la Asamblea apoya todas las decisiones del Estado y no cumple con su compromiso como institución que fortalece la democracia.
Existen diversos criterios propios de gobiernos democráticos, basados en una constitución que actúa como filtro legal de las decisiones que se han de tomar en un país. Estas según Robert Dahl podrían ser: participación efectiva, derecho al voto, comprensión ilustrada, control de la agenda y la inclusión de todos los ciudadanos, la ultima de estas en nuestro país actualmente es muy mencionada. Aunque en realidad  se este viviendo una “inclusión que excluye” Es decir, el termino “inclusión” solo se usa para designar participación pero solo de sectores comprometidos con una ideología, lo cual no puede ser visto como característica de un país demócrata.

No debemos permitir adornos a nuestra democracia, ya que detrás de estos adornos se esconde un gobierno despótico que abusa y no respeta el papel de las instituciones.  La igualdad política debe ser el norte de un Estado que respete los criterios democráticos.

Otro aspecto que Villarroel expone es “denunciar y enfrentar el fraude que se pretende con el diferimiento  de las elecciones para renovar la Asamblea Nacional.” Esto representa una alternativa anti democrática con miras a perpetuarse en el poder, no de los diputados de la Asamblea Nacional sino del Estado, puesto que, si existe una Asamblea parcializada por más tiempo en el poder; será mucho más fácil gobernar a sus anchas sin ningún tipo de regulación. Un ejemplo claro de lo que Norberto Bobbio (Liberalismo y Democracia, 1985) denominaría “La tiranía de la mayoría” es el caso de la Asamblea Nacional, donde una mayoría parlamentaria esta al servicio de un solo hombre y no a favor de todos los venezolanos.

Ahora bien, después de leer todos estos argumentos de autores que nos hablan de política y democracia, también Villarroel que expone su concepción de la política actual de Venezuela, es necesario plantearnos tres interrogantes básicas: ¿Por qué hemos llegado ha esta situación? ¿Por qué Chávez? ¿Qué le ocurrió a ese sistema democrático que se veía como uno de los más fuertes de América Latina?

La respuesta sin duda alguna es que: nuestra base en educación cívica y ciudadana es muy débil y por ende nuestro sistema político y democrático también lo es; la crisis sufrida en nuestro país de los años 80 es muestra de ello.  Desde ese momento el país empezó a perder la confianza en su sistema electoral, en las promesas de un sistema bipartidista que no pudo afrontar graves crisis económicas y políticas en el país, puesto que se encontraba  sumergido en la corrupción administrativa y  diseñando ajustes económicos ineficaces.

 Estaban dadas todas las condiciones para que llegara al poder Hugo Chávez; un hombre con una propuesta muy diferente, enfocada en los sectores menos favorecidos, y que a pesar de una abstención de más del 40% gano las elecciones del año 1998. El panorama venezolano no cambio en lo absoluto, pues hasta hoy seguimos dependiendo de la renta petrolera, no hemos progresado en materia de cultura cívica  ni educación y se mantiene la mala costumbre de hacer “borrón y cuenta nueva”, en otras palabras; no se ha diseñado una política eficaz de gobierno que se mantenga a través del tiempo, para así generar estabilidad social y política.
En mi opinión todos estos problemas que hoy día tiene la sociedad venezolana no son culpa de los 40 años de mandato de gobiernos oligárquicos o de los 10 años de un gobierno déspota, sino que somos un país que carece de una educación cívica; aquella que poseían los ciudadanos griegos, como menciona Adela Cortina. Era precisamente la ciudadanía la que les permitía tener una relación política entre ellos y la comunidad.  

El populismo no es la vía para solucionar nuestros problemas sociales, ni la concentración de poder en un solo individuo y mucho menos lo es crear una Asamblea Nacional (representante del país) totalmente parcializada y al servicio del Estado y no del pueblo, sino reforzar los valores democráticos de todos los venezolanos y diseñar un sistema político y de justicia confiable que pueda responder a las necesidades crecientes de la sociedad venezolana.

miércoles, 8 de febrero de 2012

EL PODER Aproximaciones a sus distintas formas de expresión

El inicio de nuestra existencia, independientemente a quién se le atribuya, es una muestra de capacidad. Este término encierra en si mismo otras interesantes e importantes palabras tales como: aptitud, genio y quizás idoneidad. Y precisamente la idea de poder, aunque se evidencia históricamente de diversas maneras, ya sea por medio de monarcas, presidentes, gerentes de grandes grupos comerciales, o el jefe (y con esta palabra se dice mucho) de un almacén; siempre radicará en el hecho de la existencia de alguien o algo al que por alguna razón el resto de los grupos humanos se encuentra subordinado.


Esta condición de subordinación se da ante el reconocimiento de que ese otro cuenta con algunas cualidades que no todos los demás hombres poseen, de algunas herramientas en caso de no ser tan virtuoso y hasta es posible indicar que tal vez exista la subordinación porque se le ha enseñado desde que tiene uso de razón que debe obedecer una determinada autoridad.

Sin embargo, ¿Qué nos lleva a aceptar tal obligación? Sin duda alguna, es una interesante pregunta que se plantea el hombre y que afortunadamente, no recibiendo una verdad absoluta tiene opciones de respuesta según fundamentos teológicos o filosóficos.

La teología, en referencia específicamente a la fe del mundo cristiano occidental, se aproxima a este hecho en su afirmación de que el origen de  todas las cosas es Dios. Basta solo con abrir la Biblia y en el primer versículo del capitulo primero del Génesis encontrar: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Evidentemente hallamos dos componentes interesantes en la oración que ya habíamos anticipado al inicio: la figura es Dios en si mismo, un ente más allá de lo físico, idóneo, con genio y capacidades extraordinarias para crear todo lo conocido. Ahora bien ¿seria cuestionable la autoridad de algún hombre respaldo por tan grande figura? Con seguridad esta pregunta encontrara su respuesta más adelante.

También la filosofía se pregunta acerca de la aceptación de las obligaciones, y aunque la mayor parte del ensayo se basará en aspectos filosóficos en función de aproximarnos lo más que se pueda a lo que significa el poder y sus formas de expresión; es obligatorio hacer una introducción al tema. En este sentido, ya no es Dios quien detenta las capacidades sino el hombre quien entrega esta capacidad  a otro hombre, dicho por Schmitt: “el poder que un hombre ejerce sobre otros hombres proviene de los propios hombres”.  Ya no hay ente metafísico de por medio  sino que es una especie de pacto entre hombres, concepción hobbesiana sin lugar a dudas. Es aquí donde se evidencia que el propio deseo de seguridad que esta arraigado profundamente a la naturaleza del hombre, como dice Sabine “…es inseparable del deseo de poder, medio actual de conseguir bienes futuros aparentes, porque todo grado de seguridad necesita asegurarse aún más”.

Ambas consideraciones más que repuestas, ayudan a entender el porque de la aceptación de la obligación, comprender que el poder tiene diversas formas de expresarse, por una parte, como  la capacidad y habilidad que se tiene para establecer obligaciones y lograr imponer la voluntad lo que podríamos llamar expresión externa del poder  y el poder como una forma de estar seguros que tiene mas que ver con lo interno del hombre.

Existen formas de lograr la obediencia de otros, de imponer, como afirma Weber nuestra propia voluntad, esa es precisamente la expresión externa del poder. Trata de que otros puedan reconocer la autoridad en cualquier situación y para esto se requiere contar con la coerción, puesto que la misma condición humana con su variabilidad hace imposible que la obediencia siempre sea voluntaria. Esto podría hacer pensar que la expresión externa del poder solo puede ser aplicada por un hombre, pero para Dowse y Hugues “La sociedad como conjunto es un mecanismo de coerción que, constituido a costa de la felicidad personal, conduce a un modelo de frustración- agresión, que a su vez necesita de control.” Es decir, en muchas ocasiones la idea de bienestar individual debe subordinarse a la del bienestar del que detenta el poder y en este caso no precisamente es uno sino un conjunto de hombres. Es un mecanismo de coerción porque para vivir en ella hay que seguir ciertos lineamientos impuestos por el mismo hombre, de lo contrario se producirían consecuencias.

Ya es evidente que no siempre el poder será ejercido por  un solo hombre como en ocasiones se acostumbra a ver, pero sea uno o varios siempre se busca obediencia.  Dowse y Hugues argumentan:

“El hombre hace lo que se espera de el, porque si no se somete puede verse amenazado por un castigo físico, una privación o una sanción. El hombre obedece, porque de no hacerlo podría ser castigado; según este punto de vista, la base del orden social es la fuerza.”

            La obediencia en estos términos solo es posible por el temor a la sanción, no quiere decir que no pueda existir obediencia voluntaria, pero en sociedad por lo ya mencionado es difícil que todos nos pongamos de acuerdo sobre las mismas cosas, la mención de la fuerza como garante del  orden social en la cita es muestra de ello.

            Cuando nos referimos a expresión externa del poder quizás el absolutismo monárquico puede servirnos de referencia, en esta forma de gobierno todos reconocían y no discutían la supremacía del monarca sobre los demás que le rodeaban. Era visible en su investidura, su genealogía, su condición de idoneidad, pero esto no era suficiente para lograr la obediencia que se requería del súbdito, era necesario entre otras cosas apelar a un ente metafísico, algo muy superior quizás al monarca mismo, más grande aun que la totalidad de los hombres, y precisamente la fe servía como el instrumento ideal. Por voluntad de Dios era un determinado hombre quien debía gobernar, toda la autoridad se concentraba en un personaje que por gracia divina creaba y dispensaba la ley. En este sentido tendríamos de ejemplo Fernando II de Aragón, Enrique VIII y Luis XIV de Francia, entre otros.

            En este sentido  Carl Schmitt explica el poder basado en argumentos como este se justifica porque, “…quién lo ejerce es portador de una cualidad divina: con su poder lleva a cabo algo divino; deberíamos honrarlo, si bien no a el específicamente, al poder de Dios que en el se manifiesta.”

            No es cuestionable bajo ninguna circunstancia para un individuo del siglo XV tal autoridad, es algo que sobrepasa los límites de su comprensión y más de lo que su fe le permite ver. Vemos entonces que el poder esta configurado y apoyado en muchos elementos, que por si solo tal vez no tuvieran el efecto tan significativo que tiene. La coerción no se  deja a un lado, es su fiel compañera por si alguna extraña razón alguien se niegue a ver tal expresión de autoridad.

            A pesar de todos estos elementos de apreciación externa era necesario que el poder estuviera debidamente organizado y racionalmente estructurado, debía dejar de ser resultado de un proceso de condensación fáctica  y pasar a evidenciarse, como dice García-Pelayo  “a través de sujetos y de identidades institucionales dotadas de medios coactivos… de la puesta en vigencia de un plan o de una constitución...” Esto con la finalidad de hacer posible el establecer orden social. A mediados del siglo XV autores como Nicolás Maquiavelo se aproximaron notablemente a las formas de mantener el poder. Para ese entonces lo que se ha denominado expresión externa del poder esta solidificada, por una investidura divina y una institucional.

            La divina, descansaba ampliamente en el apoyo de la iglesia (poder espiritual) al  rey. La iglesia podía llegar a todos los súbditos, desde los que más posiciones tenían hasta los menos privilegiados. Sin embargo, no era el poder principal, como diría Schmitt era un mecanismo de expresión de tal poder, y basta con solo ver que tal potencia tenia limites ante la figura del monarca. La separación de Enrique VIII de Inglaterra de la iglesia católica para fundar la Iglesia anglicana es muestra de ello. Lo que evidencia que ser poderoso y tener acceso al poderoso son dos consideraciones muy diferentes.

            La institucional, descansa en elementos como la corte, los símbolos, la tradición, entre otros.  Todos estos en subordinación, a la figura del monarca. La expresión externa del poder se ha sentado cómodamente en dos amplios instrumentos para lograr obediencia. Lo que inevitablemente trae a nuestra mente el Leviatán de Hobbes.

            Es Max  Weber quien luego de poco tiempo establece el poder como una forma de obligar, de dominar, en lo que hasta ahora  nos hemos enfocado debido a que es la forma más representativa de expresión externa del mismo. El filósofo alemán nos presenta tres tipos de dominación que se legitiman, y después de lo tratado anteriormente no será difícil de comprender.

            En primer lugar tenemos la dominación racional, donde el grupo social cree  que el que detenta el poder gobierna con apego a un conjunto de reglas racionalmente estructuradas, y por esto se legitima. El ejemplo más representativo de este tipo de dominación son las instituciones creadas a partir del surgimiento del Estado Moderno, donde el monarca concentra todos los poderes en si mismo, es el quien crea y dispensa la ley (Ab legibus solutus). Respaldado por la iglesia y las instituciones su poder es incuestionable. El cuerpo social no posee derecho sino que tiene obligaciones, no obedecer al monarca es no obedecer la voluntad divina.

            En segundo lugar  tenemos la dominación tradicional,  que después de todo es la creencia del grupo social en la santidad y necesidad de apego a las tradiciones, a lo que desde hace mucho tiempo los rige. Sobre este tipo de dominación nos es referencia el pacto de fidelidad entre el siervo y el señor feudal.

            Por último tenemos la dominación carismática, consiste en obediencia apoyada en los elementos extraordinarios de un líder, cuyas cualidades son mostradas y demostradas. Este último caracteriza a figuras de regímenes totalitarios como Hittler o Lenin.

            El enfoque hasta ahora ha sido en función de uno solo de los planteamientos hechos en la introducción, el poder como el hecho de lograr imponer la voluntad, entendido así por Weber y  denominado en el presente texto como una forma expresión externa del poder . Ahora bien, existe otra forma de entender el poder de una manera más interna, como una concepción particularizada de cada individuo, quizás la que menos tomamos racionalmente en cuenta, pero que se evidencia en aspectos cotidianos de la vida (acumular dinero por la incertidumbre a el comportamiento de la economía e el futuro, por ejemplo)  y esta es la del poder como una forma de estar seguros.

            Para Hobbes la conducta humana estaba condicionada por el estimulo y la respuesta. Ante ciertas situaciones el individuo actuaba de manera determinada, siempre y cuando esto garantizara su propia seguridad. El Principio de Propia Conservación de Hobbes es entendido para Sabine como: “La norma que hay tras toda conducta es la de que el cuerpo vivo trata intuitivamente de conservar o aumentar su vitalidad…la propia conservación significa precisamente la continuación de la existencia biológica del individuo”.

            Es decir que una vez concebido el hombre para Hobbes como un ser egoísta se establece el principio de la propia conservación, que entre otras cosas establece que el ser humano siempre buscará la manera de continuar existiendo, aunque sabe que no es una estructura permanente en el tiempo buscará incansablemente  la manera de prolongar su desaparición lo más que pueda. ¿Por qué se plantea todo esto? Bien, para tratar el poder como una forma de estar seguros es necesario conocer porque se da el deseo de sentirse protegido.

            Para Schmitt es la debilidad ante una determinada situación de peligro la que produce temor y miedo en el hombre, lo que le lleva a sentir deseo de seguridad y buscarlo en un aparato, ente, hombre o figura que pueda proporcionárselo. 

            Es el hombre quien conociendo su naturaleza teme a sus relaciones con los de su misma especie. Tener poder, esto es la capacidad para obligar a otro hacer su voluntad; significa una manera de resguardarse, de auto protegerse. Sabine con respecto a esto establece que:

El deseo de seguridad, necesidad verdaderamente fundamental de la naturaleza humana, es, para todo propósito práctico, inseparable del deseo de poder, medio actual de conseguir bienes futuros aparentes, porque todo grado de seguridad necesita asegurarse aun más. De este modo señalo, en primer lugar, como inclinación general de la humanidad entera, un perpetuo e incansable afán de poder que cesa solamente con la muerte. Y la causa de esto no siempre es que un hombre espere un placer mas intenso del que ha alcanzado; o que no llegue a satisfacerse con un moderado poder, sino que no pueda asegurar su poderío y los fundamentos de su bienestar actual, sino adquiriendo otros nuevos.

            Se plantea el deseo de la seguridad como una necesidad del genero humano, buscar permanecer y hacer de esa permanencia lo mas segura posible, significa de alguna manera dominar la voluntad del otro. Si la voluntad de un hombre prevalece sobre la del otro, quiere decir que uno es lo suficientemente fuerte para obligar al otro que es evidentemente menos fuerte que el. Se trata de imponer la voluntad en garantía de propia seguridad.

            Es inseparable el deseo de seguridad del deseo de poder en el contexto en que Sabine lo plantea (relacionado con aspectos económicos y de producción)  puesto que una vez obtenido lo que se quiere como forma de estar seguro, se plantea el mantenerlo.   Es una consideración hecha desde el punto de vista económico pero que aplica a distintas e interesantes realidades vinculadas a la historia, tal es el caso del plebiscito que dió a Bonaparte el poder de convertirse en cónsul vitalicio.

            La necesidad de sentirse seguro según Sabine termina cuando se esta muerto, después de todo es lo que el poder había tratado de evitar, ya en ese estado pensar en poder es inútil. No se tiene la necesidad de sentirse seguro, de dominar al otro, de tener poder sobre las cosas en una realidad que desconocemos.

            Otro elemento que puede extraerse de la cita a Sabine y que de alguna manera apoya la idea de poder como una forma de estar seguros es que se tienen la sensación de seguridad a través del poder cuando se es capaz de obtener más de lo que ya se tiene. La necesidad de seguridad deja claro que en el hombre ésta se encuentra acompañada de una necesidad aun mucho mayor de tener poder, de tener la capacidad de dominar, de imponer la voluntad.

            Es precisamente esta desigualdad basada en el deseo de seguridad la que determina quién es el que tiene en una circunstancia dada el poder, ya que no puede obtenerse de forma total, ni aun Luis XIV podía jactarse de ello. El poderoso es quien puede mantener y dominar las magnitudes de las relaciones de poder, y es Sloterdijk quien, después de todo nos plantea esta importante consideración. Schmitt diría lo mismo de otra forma, se podrá exigir obediencia  aquel que tenga el poder para proteger. Una vez recibida esa protección no se tiene derecho a rehusar de obedecer. Y es justo en este punto donde ambas formas de expresión de poder se evidencian.

            En búsqueda de lograr la dominación, la imposición de la voluntad sobre la de otro se ha recurrido a diferentes medios; desde la fe como ente no discutible en tiempos pasados, hasta marcos institucionales mas recientes que establecen dominio en función del bienestar de la sociedad misma. Aunque hay que dejar claro que como dice Sloterdijk el poder no es disponer de medios, ellos después de todo son uno de los más significativos aspectos  para lograr que otros obedezcan.

Los fines del poder más que lograr la subordinación, la obediencia o respeto tienen su reto a conservarlos en el tiempo. Sin embargo, no cualquier cosa puede hacerse con el poder, este tiene como limite la legitimidad que le otorgan los subordinados, es después de todo una capacidad de relación.

Relación en la que existirá un poderoso,  y otros que se encuentran a su alrededor. Este que detenta el poder esta en la capacidad de entender cuando ya el poder no le pertenece, puesto que el poder no se delega, simplemente se pierde, esto ocurre cuando existen interpretaciones incorrectas sobre el mismo.

Las expresiones del poder son las formas en que podemos entender como se dan las relaciones entre los hombres, la expresión externa ayuda a comprender que el hombre independientemente la respuesta que busque ya sea en la fe o en la filosofía lograra entender que existe un poderosos, que cuenta con los medios necesarios para logar sus fines específicos.

El estar seguros debido a nuestra condición de seres mortales solo se concibe cuando puedo acumular con notable ventaja relaciones de poder, mientras más poder se tenga mayor será la sensación de seguridad se tendrá.

No se pretendía  entre tanta letra establecer una teoría de validez universal, vaya que tienen suerte los matemáticos al contar con un teorema fundamental del calculo y para casi cualquier cosa que se plantean, no se quería dar la sensación al lector de tener la respuesta única y verdadera sobre el por qué obedecemos. No puede ser una respuesta única porque seria la “única” de un particular, ni verdadera porque la verdad absoluta no existe, si fuera así, posiblemente estaríamos bastante lejos de un renacimiento de ideas.

A modo final podría decirse que el poderoso es aquel que ha logrado sentirse un tanto más seguro que el resto de los hombres, y que en un contexto determinado y por un periodo de tiempo especifico logar imponer su voluntad. Las aproximaciones a las distintas formas de expresión del poder solo nos ayudan a entender una cosa, el que detenta el poder lo hace con la finalidad de prolongar y mantener su seguridad y  se obedece por la necesidad de estar misma necesidad de estar seguros. Lo que de alguna manera puede variar es la posición frente a la situación, ser el poderoso o el que obedece.  

lunes, 5 de septiembre de 2011

POLITICA Y DIOS



Aristóteles decía que el hombre era un animal político; ya que tenía palabra y el poder de diferenciar entre lo bueno y lo malo. Un ser que existía para vivir  junto con otros hombres en la Polis, puesto que, por sí mismo no podía alcanzar la  plenitud. Debido a esto, el hombre desde sus inicios buscó la forma de organizarse, no sólo como una mera necesidad de subsistencia en el entorno hostil en el que se encontraba, sino para la realización propia de sí mismo, esto como bien decía Aristóteles sólo podría lograrse en la comunidad Política.


La idea de necesitar un líder o un guía provenía de la creencia en un Ser Superior, omnipotente y creador de todas las cosas, que de acuerdo a la tradición y al contexto histórico en que se encontrara un determinado grupo de personas o civilización podría verle manifestarse en la naturaleza, en los astros y en algunos casos, hasta en los hombres mismos; como los egipcios, para los cuales su monarca representaba la manifestación corpórea de Horus (el dios principal de su mitología e iniciador de su civilización).

Hasta ahora sabemos porque la creencia en Dios esta tan arraigada al hombre, ya que la concepción de un ente superior es parte de su existencia misma y que independientemente de la época en que este se desarrolle siempre esta la creencia en un ente supremo que guía las vidas, que es omnipresente, omnisciente y omnipotente. Ahora bien, ya conocido lo anterior es necesario dar respuesta a una de las principales interrogantes que surge  a partir de lo anteriormente expuesto y esto es: ¿Qué es Dios?

La concepción de Descartes (citado de Diego Morillo-Velarde, 2001) con respecto a Dios era la siguiente:

Bajo el nombre de Dios entiendo una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, por la cual yo mismo y todas las demás cosas que existen (si existen algunas) han sido creadas y producidas. Ahora bien: tan grandes y eminentes son estas ventajas, que cuando más atentamente las considero menos me convenzo de que la idea de ellas tengo pueda tomar su origen en mí…
Descartes reconocía la existencia de Dios como un ser con características particulares superiores a las de los hombres. Creador  y sustento de todas las cosas, un ser extremadamente perfecto

 Por su parte, San Agustín intentó demostrar la existencia de Dios basado en tres ideas centrales. En primer lugar suponía que el orden de las cosas que nos rodeaban tenía que tener un sustento en alguien. En segundo lugar establecía que si durante toda la historia el pilar de las civilizaciones y culturas era creer en dioses, no podría pensarse que todos estuvieran equivocados. Por ultimo, hace relación con los axiomas y sustentos del conocimiento intelectual con las características de Dios para así probar que ambas vienen de un ser tan o más exacto que ellas. No concibe que los mismos seres humanos fueran capaces de crear las verdades que sustentaban  la sociedad.

Hasta ahora podría decirse que Dios representa en cierta forma una idea de extrema perfección, vinculada íntimamente con la noción de poder, obediencia y sujeción por lo que representa. Pilar fundamental de culturas ancestrales y parte del pensamiento de grandes hombres de la historia.

La relación de Dios con respecto al mundo nos lleva a entender porque es considerado un ser supremo y absoluto, es visto como la causa primera y finalidad suprema de todo, en Él se fundamenta la existencia de los demás seres.

A pesar de todo lo anteriormente mencionado, existe forma de manifestación de Dios en la cotidianidad ya sea de forma constante o de forma ocasional pero siempre como horizonte permanente de la vida.

Una de sus características más trascendentales es su omnipotencia a través de la cual (mediante su relación con los humanos) suprime la voluntad de estos y hace muestra de su grandeza, tal como expone Ferrater Mora, (2000):

…si quiere mantenerse la libertad humana no hay mas remedio que atenuar la doctrina de la absoluta omnipotencia, o para poner en relieve que el albedrio es enteramente siervo y que la salvación del hombre depende enteramente de la arbitrariedad divina, etc.
Podríamos seguir estableciendo definiciones de autores sobre sus concepciones acerca de Dios, pero no podemos olvidar que el objetivo central del presente ensayo es poder establecer una relación entre Dios y la Política, término el cual aun no hemos definido, por lo tanto nos enfocaremos ahora a definirle y así teniendo una concepción clara de cada termino, proceder a establecer cual es la relación entre  ellos.

La política en el trascurso de la historia ha tenido muchísimas interpretaciones, no pocos pensadores se han tomado la tarea de intentar definirla; para algunos es una ciencia, para otros un arte, pero lo que nos concierne en este contexto es conocer la política y su vinculación con el poder.

Manuel Gracia-Pelayo en Idea de la Política menciona las concepciones de diversos autores sobre la política, de las que particularmente nos interesa resaltar la de Harold Lasswell, quien la entiende como la forma de repartición del poder y como una forma de influencia.

Para Hannah Arendt (citada en Introducción a la Política de Fernando Mires, 2004) explica que “el poder no está dado de antemano, sino que se conquista parcial y momentáneamente mediante procesos de acumulación de fuerzas, de votos o de voluntades”. Dios, como principal pilar de las religiones (ser superior que esta sobre todas las cosas) es la mejor presentación que han podido tener históricamente los aspirantes al poder, puesto que en torno a Él giran muchas voluntades, que pueden ser conquistadas por los aspirantes al poder si se utiliza la figura divina.

Weber (parafraseado en Introducción a la Política de Fernando Mires, 2004) el objetivo de la política es el poder. La política es un medio de acceso y distribución del poder en el Estado o entre Estados. Es decir las herramientas que se usan para alcanzar y distribuir el poder en una determinada sociedad.  Entonces aquí encontramos nuestra primera similitud o relación entre Dios y la Política, y se explicaría de la siguiente manera: La política es un medio de acceso al poder, mediante el cual se aprovecha la valoración y estima que tienen los hombres por Dios para lograr el control de los mismos, bajo la idea de que obedecer al que detenta el poder es obedecer directamente  a Dios.

Tomando en consideración las definiciones o ideas de varios autores planteadas con anterioridad, se puede afirmar que si existe una evidente relación entre Dios y la política. La política se sirve de la credibilidad y aceptación de la figura de Dios para así poder lograr su objetivo principal, que como plantea Weber, es el poder. Esta relación puede evidenciarse en las siguientes afirmaciones:

Dios, base y sustento de la monarquía absoluta:
Abstrayéndonos un poco de las concepciones generales de Dios, nos ubicaremos en la idea de Dios en el mundo y la realidad occidental. La principal relación entre la política y Dios, se basa como se ha dicho desde la introducción en la utilización de la figura divina con el principal fin de la política: obtener el poder.

Esta forma de llegar al poder utilizando la imagen de Dios, proviene como ya explicamos desde el origen de las sociedades. Pero es desde finales de la Edad Media cuando aparecen las Monarquías que se acentúa este hecho. A partir de ese momento el utilizar la imagen divina para obtener el poder (político) se hace una necesidad, por lo menos en Europa. Es necesario recordar que tras la caída del Imperio Romano, todo sistema de organización social desapareció, el imperio temporal (de los hombres) se desmoronó pero quedó el imperio de la iglesia que se fundamentaba en la creencia en Dios. Fue una época bastante triste, sombría y dominada por el control total de la Iglesia y basada en la idea de Platón sobre el Topus Uranus, donde se establecía que toda la realidad existente eran solo figuras distorsionadas de la verdadera realidad.

Esta forma de organización bajo sólo el poder de la iglesia no se mantuvo durante mucho tiempo, ya se empezaban a sentar las bases de las monarquías. Esta forma de gobierno se basaba en la existencia de un Rey, que juraba respetar las leyes de Dios y el pueblo. Era quien por derecho divino derogaba, dispensaba y modificaba las normas y ejercía total control.

Su poder era total, y su legitimidad residía en que era rey por derecho divino, por lo tanto obedecer al rey significaba obedecer a Dios.

Cuando la imagen de Dios no se encontraba como elemento central dentro de la configuración del poder monárquico, este comenzaba a perder fuerza y hacerse débil, como ocurrió en Inglaterra durante el reinado de la casa Estuardo, según Pablo Badillo O´Farrell (1977):

Los monarcas pretendían que se volviera a defender que el rey es quien posee el carisma, procedente directamente de Dios, y de este modo se impondría el poder real frente a la autoridad de todas las leyes vigentes, que quedarían pendientes solo de la voluntad del hombre ungido por Dios.

La imagen de Dios ha sido de suma importancia en occidente desde sus mismos orígenes, un reino sin Dios  era imposible de concebirse. Aun cuando Enrique VIII de la Casa Tudor en Inglaterra rompe relaciones con la Iglesia, no lo hace del todo, únicamente crea una iglesia anglicana (con estructura similar a la católica). Sabia que desprender su trono de la deidad significaba perder la monarquía inglesa, que aunque no basada en el absolutismo, puesto que era esencialmente protestante y parlamentaria tenía bases muy profundas en el cristianismo y por ende  la creencia en Dios.

Dios en la política del siglo XIX y en el discurso político actual:
En el mismo orden de ideas, también podríamos mencionar que la relación entre la política y Dios no solo es parte de la antigüedad y de la edad media, constituye un hecho que se manifiesta también en el proceso de  formación de la republicas en el siglo XIX y hasta en los discursos políticos de la actualidad.

El acta de declaración de nuestra Independencia, es un ejemplo de la importancia de hacer mención al “Ser Supremo” como máximo representante de la religiosidad y por tanto le daba investidura y legitimación a nuestro acto independentista:

…nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Venezuela, poniendo por testigo al Ser Supremo de la justicia de nuestro proceder y de la rectitud de nuestras intenciones, implorando sus divinos y celestiales auxilios, y ratificándole, en el momento en que nacemos a la dignidad, que su providencia nos restituye el deseo de vivir y morir libres, creyendo y defendiendo la santa, católica y apostólica religión de Jesucristo, como el primero de nuestros deberes.

Otros caso similares encontramos en el Escudo del Reino Unido, donde se puede apreciar la frase “Dieu et mon droit” (en francés: “Dios y mi derecho”) y también uno de los lemas nacionales más representativos de los Estados Unidos es In God We Trust ("En Dios confiamos").

De igual manera, en la actualidad los políticos no dejan de prescindir en sus discursos de la deidad o algún término que haga alusión a ella. Significa acercarse más a las masas, discursos profundos, que bien disfrazan la intención de un determinado candidato postulado a algún cargo público.

La política, como ya vimos puede siguiendo las ideas de Maquiavelo usar la religión para manipular a los ciudadanos. Valerse de hacer mención en reiteradas oportunidades a Dios como una forma de captar la atención de los mismos y así lograr el objetivo, que después de todo es obtener el poder. Aunque  no es la única manera de lograr obtenerlo, es una de las formas que mejor ha funcionado por años. 

Consideraciones Sobre el Proceso de Descolonización de Venezuela



  Es innegable el hecho de que Venezuela  para mediados de los años setenta, tenia como toda nación capitalista subdesarrollada una dependencia casi absoluta para con Estados Unidos, excluyendo solamente el ámbito formal jurídico – político. Por lo menos de esta forma lo reseña    Federico Brito Figueroa  en Venezuela Contemporánea ¿un país colonial? (1972).

Es evidente que el imperialismo en la actualidad no es como el atroz reparto África a finales del siglo XIX, sino que esta de alguna manera un poco más camuflado, basado principalmente en aspectos económicos. Pareciera que las potencias mundiales  han entendido desde hace ya bastante tiempo que la mejor forma de dominación política se centra en el control total de la economía de un determinado país, es decir la administración total de sus recursos limitados por parte de una potencia extranjera que desconoce y da la espalda a las necesidades de la población y sólo busca generar el máximo bienestar a un sector que no representa la mayoría, por lo menos no a nivel poblacional.

En el caso venezolano, es incontrovertible el hecho de que nuestro principal recurso natural (el petróleo) durante mucho tiempo fue controlado por monopolios norteamericanos  que obtenían grandes dividendos por la explotación del recurso y dejaban muy poco a la nación. Los grandes consorcios de Norteamérica controlaban la riqueza petrolera a su conveniencia, lo cual no era de sorprender conociendo nuestro estatus de “subdesarrollo” si ya tal imperio había conquistado los mercados de toda Europa. 


Es comprensible de alguna manera el interés en nuestro país, puesto que además del petróleo existen otras razones por las que Venezuela se consideraba el más importante arsenal colonial del imperialismo militarizado norteamericano, tales como la situación geográfica, fuente de minerales y un Estado acorde a la media y en función de solventar las necesidades de la oligarquía financiera de Estados Unidos, como lo enfatiza Brito Figueroa.

Sin embargo, la perspectiva que nos presenta el autor tiene mucha adhesión a las ideas marxistas (la mayoría de los postulados y datos estadísticos que nos presenta tienen inclinación hacia esta perspectiva metodológica). Aunque todo lo anteriormente mencionado es a la verdad muy cierto, es necesario hacer algunas consideraciones elementales sobre el tema.

En primer lugar en la actualidad, la situación de dependencia para con Estados Unidos ha disminuido en grandes proporciones, si bien es cierto aun no existe una dependencia absoluta se ha logrado y avanzado bastante en este aspecto.

En segundo lugar, el autor muestra el proceso de “descolonización” de la Venezuela contemporánea en función de la progresiva adaptación al ideario marxista. Claro esta, que para 1970 tal consideración era del todo valida, pero hoy día había que plantearlo una y otra vez tomando en cuenta aspectos más que filosóficos y doctrinales.

En tercer lugar, las constantes referencias a los innegables progresos de la revolución Rusa de 1917 como una experiencia mas que estrictamente local, nos llevaría a plantearnos una consideración importante ¿Acaso el fracaso de tal sistema (socialismo) también podría considerarse un resultado no estrictamente local sino universal?

Por ultimo, se muestra a la URSS como ente pacifista y conciliador en la II Guerra Mundial y otros conflictos de escala mundial, olvidando la negativa de desocupación de Alemania Oriental o los Estados Tapones (Lituania, Estonia y Polonia) al terminar la Segunda Guerra ¿No son estas acciones imperialistas?
Con estas consideraciones se quiere expresar que si bien es cierto es imposible negar el proceso de colonización de Estadios Unidos en Latinoamérica, y aun especialmente en Venezuela debido a las características económicas e importancia estratégica que posee, la perspectiva marxista no necesariamente es la apropiada para ofrecer una solución al problema.
La dependencia absoluta podrá alcanzarse cuando existan entes gubernamentales que entiendan que la solución del problema no esta en adhesión total a ideales, que no necesariamente han funcionado en sus lugares de origen, sino trabajar en función de ideales propios, nacidos de nuestra propia realidad histórica, creando una planificación objetiva del país que se desea construir, en el que los principal pilares sean en la practica mas que en el discurso: la educación, salud, buen vivir y cultura (de calidad) y para todos los venezolanos.

              El proceso de descolonización de Venezuela parece un poco  lento, sin embargo  es posible. No podemos negar la existencia de grandes imperios que pretenden controlar el escenario mundial pero la vía no es enfrascarnos en meras discusiones y frases peyorativas y demagógicas sino en el deseo de trabajar para lograr una independencia de pensamiento a través del conocimiento, después de todo este proceso confirmaría la importancia de la educación en el proceso de descolonización que inicio desde hace mucho pero que avanza muy lentamente por la cantidad de tropiezos ideológicos con los que choca una y otra vez.